miércoles, 2 de febrero de 2005

Ánfora de caricias



Vierto un ánfora de caricias por todo tu cuerpo
y tu piel se estremece como la tierra que recibe el agua
y germina en el fruto del deseo
Mis manos caen como una tibia lámina
como un impetuoso torrente
como un acariciante dedo que gotea suavemente
en la oscilante hoja que bandea
a cada dulce golpe que estremece

2 comentarios:

Teresa dijo...

me encanta este poema, no sé cuantas veces ya pasé por aquí para leerlo.

Javier dijo...

Me alegro de que te haya gustado este pensamiento, Teresa. No soy muy bueno escribiendo, pero tal vez ese día estuviera algo inspirado.
Gracias por entrar en mi breve página. Tendré que ponerme más en serio con ella.
Besos