lunes, 14 de febrero de 2005

El autobús



En esto del amor hay veces que te pasas la vida en una parada de autobús esperando a que llegue el tuyo. Algunos se dan cuenta de que esperan en la parada equivocada. Otros insisten con firmeza en que algún día llegará el suyo.

7 comentarios:

MrMann dijo...

Sí, estoy de acuerdo contigo.
Se plantea un dilema difícil. ¿Qué hacer? Si se cambia de parada puede que cojas un autobús, pero puede que no te lleve a donde quieres llegar. Si no se cambia de parada, puede que el autobús no llegue nunca.
Quizás se puede ir caminando hacia tu destino y a la vez mirando a ver si llega a lo lejos tu autobús... y, entonces, echar a correr hasta la próxima parada.

Javier dijo...

Hay veces que llegamos a la parada completamente despistados y cogemos el primer autobús que pasa. Otras esperamos a un autobús lo suficientemente atractivo para subir. Algunas veces cogemos el autobús correcto, pero el conducto lleva una tasa de alcoholemia elevada y se salta nuestra parada. Al final acabas pensando que lo importante de la vida no es llegar al destino, sino ser feliz durante el camino.

Serafín dijo...

Me da miedo leeros y ver que es tan difícil tener la oportunidad de coger el autobús acertado.

Tu Blog me ha parecido increible. Las fotos me han transmitido mucho. Gracias.

Abonado estoy!

Javier dijo...

Querido Serafín:
La mayoría de la gente prefiere coger un autobús en el viaje de la vida. Es un camino muy largo, y el compartir tus inquietudes y afectos con alguien puede mucho. Yo también cogeré el autobús, aunque me equivoque.
Me alegro de que te hayan gustado las fotos. Desde que compré hace año y medio una pequeña cámara digital, ya no me da pereza llevármela a donde me apetezca: a la Selva de Oza, Torre Picaso en Madrid, un antiguo monasterio, la plaza de España de Zaragoza...

Javier dijo...

Yo procuraría educar a mi instinto aprendiendo de la vida para que me guíe bien con la elección del autobús. También me fiaría de las circunstancias externas que condicionen mi marcha en él (un camino difícil, atascos, excesiva gente dentro, viajeros molestos o peligrosos...)A veces puede ser muy excitante el lanzarse por la ciudad a 120 km/h, pero nos puede dar algo de miedo. Otras veces pedimos que nos lleven más rápido. Hay veces que no podemos más y nos bajamos en marcha. Otras pedimos que nos paren. Ya vendrá otro.

Roberto Iza Valdes dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Roberto Iza dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.