miércoles, 23 de marzo de 2005

Ventana



Hay veces en que abrimos nuestra ventana a un desconocido sin saber muy bien por qué. Quizás sentimos que ha sabido mover nuestro pomo o nuestra cerradura y nos ha sabido abrir. Otras veces necesitamos de su luz. Porque sentimos que somos en función de la luz que recibimos y que somos capaces de reflejar.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hay quien entra en un susurro y sólo roza nuestras cortinas. Y otros que cambian la ventana por la puerta e incluso tienen su copia de la llave.

Saludos desde el desierto

Javier Burbano dijo...

Tienes razón. Incluso a veces ponen su propia cerradura y no te dejan abrir la ventana.
Encantado de recibir tu visita.
Un cariñoso saludo